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Introducción
Hay cosas que uno nunca dice.
No siempre por miedo, sino porque decirlas puede herir a alguien más. Porque hay verdades que, aunque sean ciertas, también pueden romper. Hay palabras que pesan tanto que uno prefiere tragárselas antes que tirárselas encima a otra persona.
Y entonces aparece el silencio.
No porque no duela.
Duele.
Pero a veces el silencio parece menos violento que una verdad dicha sin anestesia.
Por eso todos guardamos historias.
Historias que no contamos completas porque nos da vergüenza, porque nos da miedo que nos juzguen o, simplemente, porque creemos que a nadie le importan.
Yo también guardé las mías.
Durante años me las tragué con rabia, con culpa, con sarcasmo, con esa sonrisa que una aprende a ponerse cuando no quiere explicar el desastre que lleva por dentro.
Hasta que un día me cansé de callarme.
Y cuando una se cansa de verdad, ya no hay garganta que aguante ni silencio que alcance.
Escribí porque entendí que, si no sacaba todo lo que llevaba por dentro, iba a terminar reventándome el alma. Porque hay dolores que no se curan hablando. Hay heridas que solo empiezan a cicatrizar cuando una se atreve a escribirlas.
Pero no escribí este libro para que sientan pesar por mí.
No lo escribí para que me admiren.
Y mucho menos para dar lecciones de vida, de amor o de superación personal.
No.
Este libro nació porque necesitaba decir cosas que durante años me tragué. Porque ya estaba cansada de aparentar que todo estaba bien cuando, por dentro, llevaba un mierdero que ni yo misma entendía.
Y tal vez por eso este libro no viene limpio.
Viene con rabia. Con heridas. Con sarcasmo. Con preguntas. Con memoria. Con esa parte de mí que muchas veces intentaron callar, juzgar o volver más decente.
Y ahora sí…
¿Por qué Putas historias, putos escritos. Sarcástica, loca y puta como la vida misma?
Porque sarcasmo me sobra.
Porque locura me la han adjudicado desde que tengo memoria.
Porque puta me han dicho más veces de las que puedo contar.
Y en lugar de negarlo, decidí convertirlo en bandera.
Porque hay que ser muy cuerda para sobrevivir en este puto mundo de mierda, y lo suficientemente loca como para no dejarse romper del todo.
Entonces un día entendí algo:
Hay palabras que solo duelen mientras uno les tenga miedo.
El día que las haces tuyas, dejan de ser insultos y se convierten en libertad.
Por eso decidí ponerlas en la portada.
No para provocar.
No para escandalizar.
Sino porque esa también soy yo.
Soy sarcástica porque la vida me enseñó que, si una no aprende a reírse de sus propias desgracias, termina llorándolas para siempre.
Soy puta… como la vida misma. Porque la vida también seduce, promete, ilusiona, enamora… y cuando menos lo esperas, te da la espalda y te deja tirada aprendiendo a levantarte sola.
Y soy loca porque todavía creo en la gente.
Porque sigo ayudando aunque muchas veces me fallen.
Porque sigo levantándome después de caerme.
Porque todavía sueño.
Porque todavía escribo.
Porque todavía creo que vale la pena vivir, aunque a veces la vida sea una hijueputa.
Pero este libro no habla solamente de mí.
Habla de todos nosotros.
Porque todos hemos amado a quien no debíamos.
Todos hemos perdido a alguien.
Todos hemos sentido culpa.
Todos hemos perdonado de más.
Todos nos hemos roto alguna vez.
Y todos, aunque sea una sola vez, hemos tenido que recoger nuestros propios pedazos sin que nadie nos ayudara.
Por eso, si vienes buscando una autobiografía ordenada, de pronto este no sea tu libro.
Pero si alguna vez la vida te dio una cachetada de esas que todavía escuecen…
Entonces siéntate.
Porque lo más probable es que, mientras lees mi historia…
…termines encontrándote con la tuya.








