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Introducción: lo que nadie te dice cuando te enamorás, te contratan o te «adoptan» como amigo
Nadie llega a tu vida con un cartel en la frente que diga:
«Mucho gusto. Vengo a complicarte la existencia y, cuando finalmente reaccionés, voy a decir que cambiaste».
Sería demasiado fácil.
Y los hijos de puta nunca juegan tan limpio.
Llegan sonriendo, ofreciendo trabajo, amistad, amor, sociedades o esa ayuda que parece caída del cielo y después llega con factura.
Y, cuando menos pensás, ya les abriste la puerta de tu casa, de tu negocio, de tu corazón o de tu vida.
Nadie desconfía de quien llega con buena cara.
Ese es precisamente el negocio.
Porque los verdaderamente peligrosos casi nunca hacen una entrada espectacular.
Se ganan tu confianza poquito a poco.
Hasta que un día descubrís que llevan meses —o años— instalados en tu vida, consumiendo tu tranquilidad como si les perteneciera.
Y todavía tienen el descaro de preguntarte por qué ya no sos la misma persona.
La respuesta es sencilla: convivir con ciertas personas desgasta, cansa y confunde.
Y, si uno no abre los ojos a tiempo, termina dudando de sí mismo mientras el otro duerme profundamente con la conciencia limpia.
Lo más curioso es que casi nunca fue falta de señales.
Las señales estaban ahí.
Lo que pasa es que uno aprende desde pequeño a justificar lo injustificable.
«No sea tan desconfiado».
«Dele otra oportunidad».
«Es que él es así».
«Es que ella ha sufrido mucho».
«No juzgue sin conocer».
Y mientras uno sigue dándole oportunidades, el otro sigue perfeccionando la forma de aprovecharse de ellas.
Con los años descubrí algo que nadie me enseñó.
La mayoría de la gente no cambia cuando consigue poder.
Simplemente deja de esconder quién era desde el principio.
Este libro nació porque entendí demasiado tarde que los problemas más grandes de mi vida casi nunca comenzaron con una pelea.
Comenzaron con una buena impresión.
Es la secuela natural de Putas Historias, Putos Escritos.
Allá escribí desde las heridas abiertas.
Aquí escribo desde las cicatrices.
Y las cicatrices tienen una ventaja enorme.
Ya no sangran.
Pero tampoco olvidan.
Lo escribí para que aprendás a distinguir entre la intuición y la culpa.
Entre una persona imperfecta y una persona peligrosa.
Entre alguien que se equivoca... y alguien que convierte hacer daño en una forma de vivir.
Aquí vamos a hablar de manipuladores elegantes y descarados; de jefes que sonríen mientras te exprimen, amistades que desaparecen cuando dejás de serles útil y familiares que te quieren siempre y cuando no te atrevás a crecer más que ellos.
Si alguna vez saliste de una relación, un trabajo, una amistad o incluso de una reunión familiar pensando:
«¿Cómo fue que no me di cuenta antes?»
Estás en el lugar correcto.
Y no.
No vamos a pasar estas páginas llorando.
Ya lloramos bastante.
Ahora nos vamos a reír.
Porque descubrir que uno estuvo rodeado de hijos de puta duele.
Pero descubrir que todos tienen exactamente las mismas mañas... ya empieza a dar risa.
No todos los hijos de puta vienen con advertencia.
Pero, cuando terminés este libro, es muy probable que aprendás a leer esa letra pequeña que casi siempre estuvo ahí... y que antes decidías ignorar.









